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La Grieta: “Nuestro oriente es reflexivo”



La Grieta: “Nuestro oriente es reflexivo”

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La Grieta: “Nuestro oriente es reflexivo”

En el cuadrante sur de la ciudad, en medio de lo que dejó la Vieja Estación Provincial se alza La Grieta. Un galpón que se ha ido transformando a fuerza de gestión, un espacio en permanente mutación atento a lo que sucede más allá del límite de sus paredes. Hoy, La Grieta es un norte en la brújula cultural platense. Allí se cruzan, se enriquecen, se encuentran y contagian las formas plásticas, literarias, teatrales, musicales que se producen en la ciudad o las que, los que vivimos en este cuadrado mágico, deseamos recepcionar.

Después de 20 años de haber puesto un nombre y un sello a una grieta, razón por la que la que sucumben los grandes edificios, éste intersticio en el que florean las ideas, es una geografía singular, orgullosa de su constancia. “En la continuidad somos unos religiosos. Los chicos que vienen duran un ciclo. Nunca dura un mes o cuatro meses. Acá la gente viene 10, 12 o 14 años” dice Gaby Pesclevi, quien dedica una mañana a narrar La Grieta, mientras muestra libros añorados y envejecidos, abre cajas con postales de antaño -“De cuando éramos chicos”, y describe con entusiasmo nuevos proyectos: “Este verano hicimos una reunión y pusimos toda la energía en los talleres. Es un proyecto más social, pusimos la energía en apostar a los chicos entre los 14 y los 18 años, el sector más sufrido”. Cuenta Gaby que más de 44 chicos de la zona son los que asisten a los talleres, no por un mes, sino por ciclos de largos períodos. “Estamos armando un libro una historia por página. Son retratos de esos chicos”

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En la concepción de La Grieta no hay paso, ni actividad, sin un programa de formación asociado. La formación es la manera de incidir y transformar, la manera de ejercer un pequeño movimiento que pueda seguir su inercia y replicarse en direcciones nuevas e inesperadas.

Gaby Pesclevi es quien lleva adelante el trabajo con libros y quien encabeza el proyecto Libros que muerden. “El objetivo fue reunir una galería de libros infantiles y juveniles (LIJ) censurados o descatalogados entre los primeros años de la década setenta y la recuperación de la democracia, en 1983. La selección sobre el campo de la LIJ tiene que ver -por un lado- con la trayectoria del equipo de trabajo, que ha puesto su práctica y estudios en la literatura infantil. Asimismo, nos interesó analizar cómo el poder cívico militar centró su atención en el campo de la infancia desde la perspectiva del control. El modo de dar a conocer el trabajo y el material reunido se expresó en muestras itinerantes y en la realización de talleres para chicos y grandes con la idea de resignificar -entre otros-el concepto de memoria en conjunto con los visitantes” escribe Gabriela en un escrito presentado años atrás, como proyecto.

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Libros que muerden, se convirtió en una exposición ya visitada por más 15.000 personas a través de más de 10 provincias. “El anteaño la Biblioteca Nacional sacó el libro. El libro se hace bastante después, del inicio del proyecto, lo podríamos haber hecho en el 2008, ya estaba desde entonces en la cabeza, era una catálogo. Queríamos que se retrate como un álbum de figuritas, un álbum que muestre la figurita que nos tacharon. Pero queríamos examinar el libro como puente de otras preguntas. De lo que significó en las nociones del campo editorial de la década del 1960 o 1970 la proliferación del libro, el libro como un objeto del cotidiano” comenta Pesclevi.

¿Libros que muerden fue producto de una investigación que emprendieron a propósito del tema?

Se habían cumplido 30 años del golpe, nosotros venimos de una tradición muy interesada en la crítica, en la política, en el mundo de los Derechos Humanos. Teníamos una fuerte presencia en Buenos Aires, al lado de las Madres de Plaza de Mayo. Estábamos allí por diferentes razones, algunas ligadas a historias familiares, o por otras razones, porque formamos parte de este contexto. Toda la década del 1990 con las Madres, cuando eran señaladas, haciendo las agendas, y eso quedó en nosotros. A los 30 años de conmemoración por el golpe, se hicieron dos cosas que me gustan todavía. Porque soy muy crítica, pero estas dos cosas me gustaron. La elaboración de una plancha de estampillas con la convocatoria de 30 artistas visuales que elaboraron una estampilla cada uno. Todas juntas dan cuenta de esta temporalidad. Se hizo una plancha preciosa que no se conoce mucho. Y en una mesa se expusieron libros. En el 2006, se reunieron 20 piezas que habían tenido algún tipo de marca censora. Ahora estamos en otro momento, aunque son pocos años, en el 2006 la experiencia no estaba todavía a la mano el espectador, del visitante. Pasaba por la historia de los Derechos Humanos de las Madres incluso de Hijos, había corrido agua bajo el puente, el tema del libro todavía no estaba a la mano. Propusimos hacer un recorte en la infancia, en la juventud, además porque nosotros trabajamos con chicos.

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¿Qué tipo de material y espacios revisaron para detectar estos libros censurados?

Revisamos bibliotecas populares. Entre 20 y 30 bibliotecas para encontrar ediciones. Teníamos varias listas, teníamos una lista de 1997, que había salido en Internet y nunca supimos la página que la produjo y teníamos fuentes bibliográficas como La historia de la censura, que fue de los primeros libros sobre la censura que se elaboraron en Argentina, de Andrés Avellaneda. Ese fue un material clave para nosotros, otro fue un librazo, Un golpe a los libros, de Judith Gociol y Hernán Invernizzi. A partir de esos libros fuimos a lugares más inestables, que se salen de las fuentes bibliográficas. Nos metimos en conversaciones con personas que atravesaron la censura, hicimos una exploración en diverso niveles. Cuando hicimos la primera muestra recuperamos los dichos, hicimos un trabajo colectivo y en diferentes registros de cosas. Una compañera, actualmente, está trabajando en la recepción que tiene la muestra en las nuevas generaciones. Hay muchas cosas girando en torno a la exposición.

¿Este proyecto, en formato expositivo, tiene actividades vinculadas a la formación?

Toda la energía está puesta en eso. Desde lugares singulares. La gente nos pregunta “¿Qué hacen?”. Nosotros estamos ligados a las artes, entonces es muy performática nuestra acción. Algunos compañeros se resisten a eso. Yo, por ejemplo, estoy laburando lo gestual; acciones significativas que condensen todo el desarrollo. Hay talleres que pueden durar 4 horas, que trabajan en la examinación y reflexión en torno al libro. Todo va hacia la reflexión. Los nuestros son talleres donde la participación hace el grueso la reflexión todo el resto. Nuestro oriente es reflexivo. Intercambiamos. Se conversa y, de alguna manera, se trata de acompañar proceso de lectura e incidir en la forma de leer. ¿Cómo leemos lo que leemos, cómo vemos los que vemos? El objetivo es encontrar formas de lectura que no sean tan lineales y tan tradicionales. Presentamos una postura propia sobre las infancias y las juventudes. Sacamos lo lúdico de lo reflexivo. Generamos momentos de poesía y momentos de trabajo más dedicado.

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¿Esta muestra se ha vinculado de alguna manera con el sistema educativo formal?

Esta muestra ha tenido una resonancia a nivel nacional. Es significativo, nos han llamado para el lanzamiento de un concurso de fundación Viva Lectura, Ministerio de Educación de Nación. Era una mesa redonda, tres referentes de argentina, del mundo de los libros, y nosotros. Ya el proyecto tiene mucha resonancia, estamos todo el tiempo pensando cómo crecer. Quisiéramos tener el material digitalizado y a la mano de todo el mundo. No tenemos ningún interés en tenerlos guardados. Lo nuestro va por otro lado y nuestra singularidad es absoluta, lo notamos en todos los espacios en donde estamos laburando. No damos abasto, por mí ¡digitalizamos todo esto y cosas raras que tenemos a la web! El Plan de Lectura Nacional nos invitaron a dar una charla, alguien del Ministerio de Educación de Nación, sobre tema libros. Con ellos hubo un lazo firme con relación a la formación de personas que transitan por escuelas terciarias. Trabajamos con mucha gente, miles de personas, hicimos talleres masivos, en Santiago del Estero, en Entre Ríos y otras provincias.

¿Qué tipo de material publica La Grieta?

Primero sacamos una revista anual. Una revista objeto, llamada La Grieta. Tenemos un pequeño archivo de ella. La sacamos durante la década del 1990, cuando éramos chicos. Después crecimos, nos hicimos grandes y, en el medio de esa historia, fundamos un sello que estaba más ligado a la infancia, que llamamos La Chicharra, como la Biblioteca. En el 2006, sacamos mucho material, diverso. Si hicieras un análisis de nuestro perfil editorial, resulta ser muy híbrido. Los formatos fluctúan con una excepción: toda la vida sacamos muchas postales, allí habría una identidad. El material editorial es muy diverso. No hay una serie. Igual podrían decirse que hay cruces de lenguajes. Está presente la lectura de la imagen, la palabra. En el año 2006, armamos la colección de Libros que muerden.

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¿Cómo está conformada la Biblioteca de La Grieta actualmente?

La biblioteca se está formando. Vamos a empezar a cobrar un subsidio de Provincia, para contener esto un poco mejor. Los libros los compramos nosotros, o son míos o los compré o los compramos. Dijimos: “Vamos a darle un marco ¡No vamos a guardar estos libros en casa! Esto es público, esto no es nuestro, es de la comunidad”. Así que no sólo esto, sino nuestra examinación de libros de autor. Un espacio como este tiene que estar pensando permanentemente. La Chicharra fue fundada más por los que estamos en este mismo grupo que alienta Libros que muerden. Se posicionó en que La Grieta como un espacio ligado al libro. Me costaba el concepto de biblioteca. Me interesa muchísimo la historia del libro en Argentina. Libros que muerden es un proyecto, a mí me interesa en particular, el libro en Argentina. Busco piezas perdidas, soy una especie de coleccionista.

¿Cómo funciona la Biblioteca La Chicharra?

Estamos los lunes, martes y miércoles. Hacemos préstamos a domicilio. Queremos leer, charlar, sobre libros, los vamos a atender y a mostrar títulos y cosas. Estamos por fundar nuestro grupo de socios de la biblioteca, aún no tenemos socios, formalmente. Desde el 2014 estamos, prestamos libros de una manera muy artesanal, sin computadora. En un cuaderno anotamos los préstamos.

Hay más que leer que esta nota, hay más que ver y experimentar. Al pasar por el Galpón de 18 y 71 hacé más lento tu andar. Acercate a la Biblioteca, a los talleres. Un programa de trabajo de un equipo aguerrido y sólido crece sin descanso en La Grieta.

POR REBECA KRASELSKY

Equipo editorial